“No quiero que se aprendan fechas ni nombres, quiero que los alumnos reflexionen”

Lunes, Mayo 2, 2016 - 11:40
Comenzó como profesora de historia en el Colegio El Bosque, donde fue también Jefa del Departamento de Humanidades. Como coordinadora de ciclo en el Colegio Manantial, asegura que no descansará hasta ver cumplida la meta de ser el mejor colegio de la comuna.

Cuando Paula Gallardo era niña disfrutaba jugando a ser profesora y daba clases a sus muñecos, utilizando la puerta del closet como pizarrón. Luego, era muy detallista y entusiasta para relatar a sus compañeras de curso los libros que debían leer o la materia de historia antes de una prueba, llegando incluso a lograr mejores notas para sus compañeras-alumnas que para ella misma. También cuenta que se sintió realizada cuando apoyó a su hermana menor en sus estudios y la vio egresar del colegio con excelencia académica, obteniendo el mejor promedio de su curso. “Yo me sentí muy orgullosa, porque ese resultado se debía también a mi trabajo”.  

Pero a pesar de esa evidente pasión por enseñar, Paula salió de cuarto medio sin tener una idea clara de su vocación. “Yo siempre había querido estudiar para ser guía turística, pero mi mamá me dijo ‘no me importa lo que estudies, mientras sea en la Universidad’. Me inclinaba por el área humanista y me alcanzaba el puntaje para carreras como periodismo o derecho, pero no me veía en ninguna de ellas”. Así es que, pensando en las asignaturas que más le habían atraído durante la enseñanza media, fue a visitar el Campus Oriente de la Universidad Católica y se convenció de postular a Licenciatura en Historia.

Recuerda que sus días en la universidad no fueron fáciles, pero a pesar de que no estaba acostumbrada a leer cerca de 500 páginas semanales, logró terminar la carrera en el tiempo esperado. Justo entonces, cuando se preguntaba a qué podría dedicarse como licenciada en historia, le presentaron el Programa de Formación Pedagógica de la universidad: estudiando sólo un año más podría titularse también como profesora de enseñanza media. Llegó a contarle a su mamá sobre esta nueva alternativa académica y se sorprendió mucho cuando ella le dijo: “¡Al fin te diste cuenta de que querías ser profesora!”, le preguntó Paula. “Tenías que darte cuenta por ti misma”, fue todo lo que obtuvo como respuesta.

La docencia se aprende en el aula

El año de sus estudios de pedagogía fue un tiempo especialmente intenso. “Teníamos clases todas las tardes y práctica todas las mañanas. Al principio teníamos que observar, pero a las tres semanas ya nos tocaba intervenir y el curso de psicopedagogía lo teníamos recién el segundo semestre. Yo pensaba ‘¿qué voy a hacer?’, pero luego te das cuenta de que hay un manejo técnico pedagógico que no se aprende en ninguna carrera, sino que se logra en el ritmo de la sala”. 

Una vez titulada, Paula se enfrentó al desafío de encontrar trabajo. Tras desempeñarse durante un año en preuniversitarios, se decidió por aceptar un reemplazo en un establecimiento de Lo Barnechea. “Era un colegio al que llegaban alumnos que habían sido echado de otros colegios del sector. El profesor al que tenía que reemplazar estaba con licencia por crisis de pánico y depresión, así que era posible imaginarse lo que me esperaba”. Pero enfrentarse a estudiantes que andaban en patineta adentro de la sala, era algo para lo que no estaba preparada. “Un par de veces me pasó que me senté en el auto, para volver a mi casa, y me puse a llorar. No sabía qué hacer, pensaba ‘no puedo proyectarme a trabajar así toda la vida’”.

Pero Paula venía preparándose desde su infancia para enfrentar este tipo de desafíos y salir airosa. La formación entregada por una madre estricta, en complemento con un colegio de monjas franciscanas, se notaba especialmente en circunstancias difíciles. “Yo llegaba a la casa con un seis y me preguntaban por qué no era un siete. Por eso fui siempre muy perfeccionista. Mi mamá me formó así, y yo sabía que me tenía que ir bien para que ella estuviera contenta”.

Así es como, luego de un año, Paula ya se sentía preparada para seguir trabajando en el colegio en forma indefinida. Pero el destino quiso otra cosa; el profesor al que estaba reemplazando decidió volver y tuvo que enfrentarse nuevamente a la búsqueda laboral. Fue entonces cuando supo que el Colegio El Bosque de Puente Alto necesitaba una profesora de historia. A comienzos del 2008 llegó para dar una entrevista y la dejaron trabajando de inmediato.

Su sello personal

Durante su primer año en El Bosque, Paula se destacó por desarrollar un nuevo estilo para impartir la pedagogía en la asignatura de historia. “Yo les decía a los chiquillos, ‘no quiero que se aprendan fechas ni nombres, yo quiero que reflexionen sobre los distintos momentos de la humanidad y que evalúen y juzguen las situaciones y a los personajes en su contexto, no desde la mirada que tienen ahora’. Me costó un mundo cambiar esa mirada, porque estaban acostumbrados a estudiar cronología y memorizando obtenían el siete. Yo les ponía todas las fechas y los datos en las pruebas, y las preguntas eran, por ejemplo, ¿por qué cree usted que tomó esta decisión y no tomó otra? o ¿qué decisión habría tomado usted en su lugar?”.

Y es que, desde su mirada, el valor de la historia no estaba en los datos, sino en valorar el pasado como una forma de aprender lecciones para mejorar el futuro, “pero no es la fecha o el nombre lo que te puede servir para el presente, sino que la reflexión. Al final fue también un trabajo por dignificar la asignatura que no es sólo un compendio de fechas, y para eso tuvimos que ir quebrando esquemas mentales de los alumnos”.

Su trabajo fue valorado por el equipo de gestión del colegio y, al año siguiente, además de comenzar con su primera jefatura de curso, Paula fue nombrada Jefa del Departamento de Humanidades. “Me pidieron que unificara los criterios del departamento, que incluía a las asignaturas de historia, lenguaje, filosofía, artes y música. Ese año me empecé a sentir valorada y dueña de mi trabajo, y me fui dando cuenta de que las cosas resultaban”.

Un proyecto emblemático desarrollado por Paula fue la reinvención de la tradicional Cena Medieval, que era organizada por los estudiantes de tercero medio, a través de su trabajo en las diferentes asignaturas. En arte se hacían los escudos de las familias, en lenguaje y filosofía se preparaban obras de teatro, y en inglés se hacían declamaciones. “La primera vez que lo hicimos me sentí orgullosa de los chiquillos, porque a veces los ves muy desmotivados en clases, pero cuando los involucras en un proyecto distinto, se transforman y les sale increíble”. Al año siguiente, sin embargo, decidió presentar su propia versión de este emblemático evento. “A mí lo que me interesaba era hacer una cena histórica, pero no necesariamente medieval, sino que fuera cambiando de época todos los años. Era el 2010 y les propuse hacer una Cena Bicentenario, que presentara la historia de Chile. Estaba tan convencida que convencí a todos. Luego se hizo una cena romana, una griega y hasta el día de hoy se sigue la misma lógica”.

Tal como ella relata, la relación que forjó con los estudiantes de su jefatura y sus apoderados fue atípica. Rara vez las jefaturas duraban más de dos años, pero la de Paula comenzó en primero medio y terminó con el egreso en cuarto medio. “Conecté con ellos incluso antes de ser su profesora jefa, cuando estaban en octavo. Un día los niños se sintieron con la confianza para decirme ‘sabe profe, le queremos decir algo. Nos aburrimos en sus clases, ¿podemos buscar la forma de hacer esto distinto para que nos guste?’. ‘Claro’, les dije yo, ‘propongan’. Y eso me marcó tanto que se los dije en el discurso de su ceremonia de licenciatura, porque si ellos no hubiesen hablado no habría podido saberlo, pero fueron lo suficientemente valientes y respetuosos como para decirlo. A partir de entonces hicimos maquetas históricas, trabajos en grupo y lo pasaron muy bien”.

Así se fue construyendo una relación que incluyó mensajes de felicitaciones para su matrimonio, visitas a la clínica cuando tuvo a su primer hijo -aunque fuera plena época de vacaciones de verano- y una impecable organización del viaje de estudios. “Fue un proceso súper lindo, hasta el día de hoy muchos se acuerdan de mi cumpleaños”. 

Estaba en ese momento de plena felicidad y comodidad en su trabajo y supo que se había abierto una vacante para ser coordinadora de enseñanza media en otro colegio con Sello EducaUC, y luego de pensarlo bien decidió postular. “Entonces me llamaron de EducaUC y durante la entrevista me fui dando cuenta de que había hecho muchas cosas y de que ellas tenían una imagen de mí que ni siquiera yo misma tenía”. Pero incluso cuando la llamó María Domeyko, directora académica de EducaUC, para ofrecerle el trabajo, Paula aún no estaba convencida. “Señora María, yo no me quiero ir de El Bosque, no me siga insistiendo. Me proyecto de aquí a 10 años más trabajando acá, feliz de la vida”, le dijo. Finalmente le pidió un par de horas para pensarlo y fue su marido quien la animó a enfrentar el desafío. “Que no piensen que no te atreviste” le dijo.  “¡Sí me la voy a poder! pensé y llamé a la señora María, pero si no hubiera tenido la necesidad económica, no lo habría hecho. Yo salí llorando de allá y mi último día de trabajo fue horrible”. 

Aunque su proceso de integración inicial al Colegio Manantial fue difícil, Paula asegura que el espíritu de acogida y la tranquilidad que se respiraba en el establecimiento, pronto la hicieron sentir como en casa. “En general aquí los profes son un siete. El ambiente laboral que hay es único, son todos amorosos y se trabaja en equipo. De a poco me empecé a acostumbrar a esta paz y, a pesar de la pena con la que me vine, yo dije ‘si realmente fui un aporte en el otro colegio, ¿por qué no puedo ser un aporte aquí también?’. Y ya estando acá, me enamoré de este colegio y del proyecto que tiene”.

Pero el ambiente laboral no fue lo único que conquistó a Paula en el Manantial. “Cuando llegué me acordé mucho de mí como estudiante y de mi colegio. Al final yo encontré aquí esa formación personal que echaba de menos en El Bosque, que era un colegio exquisito, pero le faltaba esa espiritualidad que me enseñaron las monjas desde kínder a 4° medio. Para el Mes de María me sabía todas las oraciones y era natural hacerlas. Era un área de mi formación personal que estaba escondida”.

En relación a las personas que la han acompañado en su camino de crecimiento profesional, Paula menciona a dos: Magaly Rodríguez, coordinadora del colegio El Bosque, cuando ella era profesora y María Victoria Zuñiga, su actual rectora. “Si analizo mi carrera, a Magaly le debo la mayor parte de mi formación. Muchas cosas las aprendí solo mirándola, porque su dominio de todo era increíble. En la universidad aprendí mucho de historia, pero muy poco de pedagogía, entonces ella me formó, con una generosidad gigantesca, y me impulsó a irme cuando fue necesario”. Luego agrega: “por otro lado, acá Victoria me ha dado la libertad para ir demostrando todo lo que sé. Siempre ha estado cerca para ayudarme, pero también me ha dado la confianza para hacer las cosas de la manera que a mí me parece. Si confían en tu trabajo, una solita va mostrando más cosas y va rindiendo cada vez más. Y ahora somos personalmente muy buenas amigas, entonces trabajar en estas condiciones es lo ideal”.

Además del nuevo cargo, gracias a un convenio de EducaUC para los equipos directivos de los colegios con su Sello, se le ofreció estudiar un Magíster en Gestión de Calidad, en la Universidad de los Andes, junto a la coordinadora de enseñanza básica Tamara Sierralta. “Fue un tiempo de mucho estudio y mi familia en esa época fue un apoyo fundamental. Finalmente nos fue muy bien, pero yo sólo voy a sentir que he devuelto ese perfeccionamiento cuando todo lo que aprendí ahí se note en datos concretos. Cuando efectivamente los chiquillos demuestren que están aprendiendo más y mejor, y que eso se vea reflejado en las evaluaciones estandarizadas. Esa es nuestra gran proyección y meta aquí en El Manantial y creo que, en la medida en que perseveremos en la forma de trabajo que tenemos, lo vamos a lograr”. 

 

Comentarios

Inicie sesión para comentar