“Algunos creen que por no tener hijos he tenido más flexibilidad, pero a veces siento que acá tengo 930 hijos”

Viernes, Noviembre 25, 2016 - 13:21
Madruga todos los días para viajar desde Santiago y sólo regresa cuando ha caído el sol y se ha retirado el último profesor. Así es la rectora ‘santiaguina’ que llegó hace nueve años, con la tarea de estructurar la labor pedagógica y fortalecer el espíritu de acogida que debía caracterizar al establecimiento.

No cabe duda que dirigir un colegio implica mantener un ritmo de vida de gran intensidad, pero Janet Fredes lo asume con gran alegría, vitalidad y positivismo. “Aunque corres el riesgo de volverte imprescindible, aquí hay que estar siempre. Yo he faltado solamente una vez en todos estos años, porque estaba realmente muy enferma…”, comenta la rectora, entre risas. 

Pero además de ser rectora “todo terreno”, quienes trabajan con ella aseguran que lo que más ha caracterizado su gestión es la capacidad de escucha y la entrega incondicional de apoyo a cada uno de los miembros de su comunidad. “A veces es fuerte porque todos, profesores y paradocentes, tienen su mundo y su vida personal, entonces llegan a mi oficina para contarme sus problemas. Pero en ocasiones tengo que decirles simplemente que no puedo, porque la verdad es que no encuentro el minuto ni para almorzar. Entonces hay quienes me acompañan de camino para contarme sus cosas en el trayecto”, comenta Janet.

Aunque siempre sintió esa inclinación natural por la entrega hacia los demás -ya en el colegio solía enseñar a las compañeras que iban quedando desfasadas- fue durante sus primeros años de desarrollo profesional que ese interés se plasmó con mayor fuerza. “Como profesora jefa veía que mis alumnas de enseñanza media tenían muchos problemas fuera del área académica, por lo que quise buscar la forma de ayudarlas. Así fue como gestioné el apoyo de un terapeuta de la municipalidad y desarrollé talleres para estudiantes y padres, en temas como sexualidad, drogas o autoestima”.

Desde entonces Janet se fue perfilando en el área de la orientación, labor que realizaba al mismo tiempo que su rol como docente de ciencias. Apoyada por el establecimiento en el que trabajaba, realizó varios cursos y talleres, para finalmente estudiar a distancia la carrera de orientación, tras lo cual asumió formalmente como orientadora. Paralelamente le pidieron asumir la labor de secretaria docente, dejando por primera vez el trabajo en aula. “Ahí aprendí que tenía que ser capaz de hacer de todo, desde manejar a 45 alumnos en una sala de clases, hasta tramitar una licencia o hacer oficios. Como orientadora me entretenía mucho y tenía una relación muy rica con las niñas”, comenta.

La multiplicidad de roles que pudo asumir durante 12 años de desarrollo profesional la prepararon y le entregaron la experiencia necesaria para comenzar a liderar a todo un colegio. Así fue como se convirtió en directora, asumiendo por primera vez este cargo en el colegio Madre Ana Eugenia, de la comuna de Pudahuel, el cual contaba con 1200 alumnas de enseñanza básica. “Fui a verlo y me encantó. Era de una religiosa que dejaba el cargo de rectora luego de 20 años, pero el colegio era su tesoro. Estaba inserto en un entorno de alta vulnerabilidad, con muchas necesidades, pero tú entrabas y era como un oasis, veías a todas las niñitas correctamente uniformadas, con sus trenzas y calcetines blancos”.

Pero a pesar de ese innegable encanto inicial, Janet asegura que sus primeros años como rectora no fueron fáciles. “Fue difícil para mí, como persona laica y ajena al colegio, llegar a reemplazar a una religiosa que llevaba tanto tiempo en el cargo. Internamente no perdonaban que la hermana no hubiese dejado en la rectoría a alguien del equipo directivo. En un minuto renunciaron las dos coordinadoras, diciendo que se quedaban sólo si se iba la directora, pero a ambas les aceptaron la renuncia”, recuerda. Luego el colegio pasó a formar parte de una fundación y comenzaron a haber diferencias respecto al estilo de liderazgo. “Yo quería mantener ciertas líneas de lo que había sido el colegio originalmente, pero la nueva administración empezó a cambiar muchas cosas. La verdad es que para mí fue fuerte eso y no logramos congeniar”, afirma.
Fue por ese entonces cuando se reencontró con la Señora María Domeyko, directora académica de EducaUC, con quien había trabajado con anterioridad. “En enero del 2008 ella me invitó a trabajar en EducaUC, como coordinadora en el Colegio El Bosque o como rectora en el San Sebastián de Los Andes… Y así fue como llegué acá y tuve mi segundo aterrizaje forzoso”, comenta entre risas.

Pero a pesar de que toda la comunidad escolar estaba preocupada frente al cambio institucional, Janet contaba con las herramientas necesarias para acompañar y guiar al colegio en ese camino de transformación. “Me di cuenta de que podía enfrentarlo gracias a mi experiencia, que me había permitido hacer una multiplicidad de cosas y entender de qué estaban hablando las diferentes personas que trabajan en un colegio. Había trabajado con 47 niñas por sala y sabía que se podía, había aprendido a hacer entrevistas, coordinar, etc.”, comenta.

Su historia en Los Andes

“Yo siento que la disciplina y el lineamiento en una sala de clases la da el profesor el primer día, si los niños se portan mal es porque el docente no ha sabido empoderarse adecuadamente”, plantea la rectora. Pero, aunque en ocasiones los alumnos pueden representar un desafío para los profesores, ella asegura que los suyos son buenos estudiantes: “Mis chiquillos son súper sanos y tranquilos, aquí se podrían arrancar a campo traviesa, pero no lo hacen. La verdad tengo más desafíos con los adultos, con los jóvenes me siento a conversar y ellos finalmente entienden que los estamos formando”. 

Difícil ha sido, sin embargo, alinear a los apoderados para que se comprometan como aliados en la labor formativa. “Es una lucha que uno tiene constantemente y eso nos está trayendo un costo muy fuerte a nivel educacional. Los papás avalan algunas conductas y llegan a alegarnos ‘¿por qué le dijo esto a mi niñito?’. Todo lo critican y son muy pocos los que aún tienen esa línea clara de la autoridad, la responsabilidad y el respeto”. Como consecuencia, Janet explica que los profesores cada vez encuentran mayores dificultades para imponer su autoridad y asumir su labor formativa, lo que también va minando su autoestima profesional. 

La rectora ‘santiaguina’ llegó también para estructurar y poner normas a una comunidad acostumbrada a que las cosas se resuelvan con un llamado telefónico a algún conocido. “El colegio cambió cuando yo llegué, porque se empezaron a ordenar los procedimientos. Costó mucho estructurarlos porque Los Andes es chico, todos se conocen y eso tiene desventajas, están acostumbrados a funcionar en otra lógica. Tuvimos que cambiar en parte la cultura organizacional del colegio”.

Por otro lado, tuvieron también que acostumbrarse a una rectora que puede ser muy acogedora y cálida en su trato, pero que también es firme. “Tengo un carácter fuerte, así es que lo que yo digo, se cumple. Por eso trato de no tomar decisiones en caliente, me tomo varios días, lo converso con el equipo, lo medito y creo que eso es lo que me ha avalado acá en la zona. También soy muy transparente, si nos equivocamos, lo reconocemos y damos las disculpas del caso”.

Cuenta que desde el año 2015 vienen trabajando en una calendarización de tiempos y horarios para estructurar la labor pedagógica y el liderazgo del equipo de gestión. “Cuando trabajas con una comunidad tan grande siempre va a haber imprevistos y urgencias, pero hemos aprendido a diferenciar lo urgente de lo importante, teniendo siempre claro lo que queda pendiente cada día”. Así es como se desarrolló un programa de acompañamiento a la labor docente, con visitas de los coordinadores a todos los profesores en aula. “Luego de la segunda o tercera visita, se realizan devoluciones con cada uno de ellos, para peguntarles cómo se han sentido, cuáles son las necesidades que ellos ven, etc. Tenemos como meta mejorar el desarrollo profesional de los profesores, a través de un acompañamiento y de una gestión con objetivos y fechas que cumplir en la planificación del programa. Queremos avanzar en la formalización del docente y hacerlos responsables de su profesionalismo”, señala.

Con su particular estilo de liderazgo, Janet Fredes ha contribuido al crecimiento del colegio San Sebastián, que ha pasado de tener menos de 500 alumnos, al inicio de su gestión, a contar con más de 930 hoy. “A pesar de que todavía podemos mejorar en el ámbito académico, los papás siguen buscando vacantes en nuestro colegio. Entonces tú dices ‘por algo será’. Creo que al final es clave saber que los alumnos vienen relajados y se sienten protegidos, hay un sentido de comunidad fuerte”.

Más allá de las dificultades que debe enfrentar un docente durante su carrera, Janet tiene claro cuál es la mayor gratificación para quienes comparten su vocación. “Lo mejor de ser profesora es encontrarse con los ex alumnos de los distintos colegios en los que he trabajado y ver que en su gran mayoría son profesionales. Te empiezan a contar su vida, lo que han hecho en sus estudios o trabajos, y es rico saber de ellos y ver que lo que se sembró dio frutos”.

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